Puede que finalmente la batalla la haya ganado la Playstation 2, con más unidades vendidas y mayor vida útil. Puede que la Xbox no sea recordada como la “gran” consola. También es posible que el lado negativo (sus enormes fallas originales) hayan opacado su brillante historia. Todo eso puede ser cierto. Pero lo que no sabíamos entonces, y sí ahora, 10 años después, es que lo que logró Microsoft, lanzando la gran X, fue un objetivo mayor. La Xbox salió a defender con uñas y dientes una industria que Bill Gates tenía en el bolsillo gracias a la popularidad de las PC: la de los videojuegos. Sony, Sega y Nintendo, eran a esa altura una amenaza real para la estructura x86 y su catálogo. Los asiáticos sostenían que las mayorías de las familias iban a terminar optando por jugar títulos de gran calidad en el líving de casa, en sus propios televisores. Y por aquellos tiempos, los creadores de Windows no se quedaban de brazos cruzados cuando veían venir la trompada.
De esto trata esta pequeña historia. De una guerra entre grandes marcas, de la defensa de los mercados, pero también de lo que vivimos, tú y yo, en la intimidad de la habitación, viviendo la vida de otros, teniendo la sensación de que dominábamos el mundo o ganábamos un derby. Y sólo con un joystick como arma. Esta es la historia de la Xbox y sus competidores de peso completo.